Exacto, esa lucha es la que yo tengo. O no. No lo sé en realidad.

Pasó un tiempo sin verlo, sin coincidir, sin ver su sonrisa y su mirada, y me dije a mí misma que lo había conseguido, que le había olvidado. No pensaba en él apenas, lo justo cuando pasaba por delante de su trabajo. Pero...

El otro día viniendo para casa, él estaba fuera y me sonrió y saludó como siempre. No quería mirarle, pero tenía que hacerlo. De un día para otro no puedes dejar de hablar a alguien cuando no te ha hecho nada. Bueno, no más fue eso, unos segundos, no pasaba nada. Pero esa noche, después de volver a verlo, volví a soñar con él. Tanto tiempo que no lo hacía. No quiero volver a soñar con él. No. Porque los sueños son tan reales, que cuando me levanto no me siento bien.

Lo malo, que al siguiente día, fui a comprar. Tantas veces que iba antes y que no le veía, y justo ese día, se pasó casi todo el rato fuera. Consecuencia: Lo de siempre. Sonrisas, miradas... Y yo diciéndome que no, que está casado, que me olvide de él, y cuando me lo empezaba a creer, él me miraba con esos ojitos y esa sonrisa, y me derrumbaba todo lo que yo había conseguido creerme.

Otra vez, otra noche más soñando con él. Sé que no tengo posibilidad, no sé por qué sueño con él. No sé por qué los sueños son tan reales. No quiero soñar cosas que sé que jamás se cumplirán. No quiero soñar.

Cuesta tanto la lucha entre el cerebro y el corazón... Espero que por fin gane el cerebro, lo siento corazón, pero tienes que perder, es imposible, no hay nada que hacer, no merece la pena que sufras por ese querer. Olvídalo.